La televisión entre el vouterismo y la exhibición perversa

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exhibicionismo y voyeurismo

Por Carmen Valenzuela A.

Mirar-se-ser-Mirado

La televisión apela a medios perversos porque imponen contenidos sin consentimiento ni reconocimiento de las necesidades de los otros, en este caso de los espectadores pasivos y activos.

Para lograr sus objetivos despiertan los aspectos voyeuristas y exhibicionistas de los espectadores, quitándoles la capacidad de pensar. Por ello, sus contenidos están cargados de inteligencia, belleza y destrucción.

La imagen perversa impuesta, nos ofrece violencia y horror de la opresión que registra y reproduce el dolor humano sin comprometerse. Nos deja con la sensación de desamparo pegado al cuerpo, cumpliendo así su función que es dejarnos paralizados, temerosos e inseguros. Por el contrario, el arte es una vía que permite entender nuestros aspectos “perversos” inconscientes. No hay que temerle ni rechazarle sino más bien aprender a vivir con el impulso que nada tiene de animal y mucho de humano.

Vouyerismo:

Desde la realidad psíquica, el voyeur es aquel que no tolera ser “excluido de la escena primaria” por ello busca mirar. A través de la mirada “fantasea” que participa de la escena, por ello se excita derivando en una masturbación que sólo cumple la función de descarga. El costo es la pérdida de la capacidad para “pensar” y “hacer su propia vida”, queda atrapado y desgastado en la “excitación” sin creatividad para asumir los contenidos de su propia vida. Cuando los medios de comunicación nos imponen un tema, nos quitan la capacidad de pensar (creatividad y capacidad para diferenciar), apelando a contenidos que hacen referencia a la invasión de la privacidad (sea social, cultural, o individual). Inconscientemente, quedamos excitados y fascinados por creernos partícipes de la intimidad y goce de los otros.

Bajo el slogan que “la opinión pública necesita saber”, justifican el tener que saberlo todo como derecho, y como condición de supervivencia. Cuando atrapan nuestra mirada, y nos convencen que somos partícipes y protagonistas, no de nuestras vidas, sino de la vida de los otros, es que han logrado su objetivo.

Exhibicionismo:

Desde la Intersubjetividad, el exhibicionismo está sostenido en la necesidad de ser mirado y admirado como el que tiene “poder”. Hay una búsqueda desesperada por la mirada que da identidad y estructura. El exhibicionista no soporta la indiferencia porque la vive como una experiencia de muerte. Está convencido que sólo si logra excitar al que mira ha logrado su objetivo. En ese sentido excitar es despertar y dejar con ganas; fascina y seduce en tanto muestra no en tanto concreta. Si satisface el deseo del otro deja de ser mirado, la satisfacción mata el deseo sobreviniendo la angustia depresiva, que termina siendo la otra cara de la separación e indiferenciación. Los medios nos hacen creer que sólo a través de ella lograremos reconocimiento (poder), por ello, nos invita a exhibir.

La seducción de los medios radica en mostrarse como única plataforma que asegura el reconocimiento como nunca nadie lo hizo. Las explotadas historias que exponen las penas y glorias de los protagonistas, que luego de muchas luchas y rechazos logran éxito y reconocimiento. Antes no tenían, hoy tienen mucho.

La metáfora perfecta es: Si exhibes entonces existes.

Necesitan atrapar la mirada pública para asegurarse reconocimiento y vigencia. Apelan a formas seductoras y alargan los finales para evitar que los otros distraigan la mirada. Por ello, inmediatamente después de un caso, pasan a otro. Hay como una sensación de vacío cuando no hay escándalos ni espectáculos que mostrar. Inmediatamente, apelan e inflan otros porque su existencia depende de la mirada, no de cualquier mirada sino de la excitada y atrapada en el deseo.

El sujeto mira, luego se mira, y es mirado.

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