La envidia en la vida cotidiana

0 comment
envidia en la vida cotidiana

Por Carmen Valenzuela

Es importante establecer las relaciones entre los celos y la envidia. Freud habló de un único tipo de envidia: “envidia del pene”. Por otro lado, en 1957 Melanie Klein publico “Envidia y Gratitud”.

Es interesante el por qué se tardó tanto tiempo en reconocer el tema de envidia en el psicoanálisis, a diferencia de los celos que ha estado muy presente. Joseph, dice: “Nos referimos a una relación que abarca tres personas; una de ellas está celosa por alguien a quien se ama o por quien se siente apego, muestra más interés o más afecto por un tercero. Los celos están basados en el amor y afecto a esa persona”.

En este sentido se dice que los delitos cometidos por celos merecen una condena menor.

En la envidia hay dos personas en juego, y la envidia se refiere a lo que otra persona posee, a sus capacidades, logros, cualidades personales, etc. Y supone en mayor o menor medida una cualidad de daño, o al menos cierta hostilidad hacia las habilidades positivas de otra persona, aun cuando esto no se reconozca. El Oxford English Dictionary (edición) 1979 describe la envidia como: “El sentimiento de mortificación y enfermedad ocasionado por la contemplación de ventajas superiores poseídas por otro”. Cuando se destruye desde los celos hay una razón para ello; pero en la envidia el daño se hace desde el odio y parece que no hay circunstancias atenuantes. Como dijo un paciente: “¡es tan inútil!”.

La envidia suele relacionarse con la voracidad, no obstante es diferente de ella. La persona voraz quiere poseer algo independientemente del costo que esto le suponga a la persona de quien quiere, y reconoce que hay algo bueno que obtener; pero el envidioso no está tan interesado en conseguir algo para sí mismo y en disfrutarlo, ni siquiera vorazmente, sino en quitarle algo a la otra persona, algo que después puede tomar para sí, de manera que forme parte de sí mismo.

La envidia en la vida cotidiana.

Todos reconocemos los sentimientos conscientes de resentimiento ante alguien que está por delante de nosotros, que hace mejor las cosas y esa vaga sensación de hostilidad, rivalidad y competitividad. El problema empieza cuando estos sentimientos son más poderosos y, por ejemplo, conducen a una suerte de juicios críticos o comentarios sarcásticos permanentes. O por el contrario, cuando la persona envidiosa no puede reconocer nada digno de alabanza o de valoración en otra persona, sino que siempre hay algo que le despierta dudas “bueno estuvo bien, pero…” y encontrará alguna razón para poner en tela de juicio o censurar al otro. Y como tanto en nosotros como en lo que hacemos suele haber fundamento para la crítica, la actitud envidiosa pasa fácilmente inadvertida y la crítica y las dudas parecen reales.

También puede reconocerse la envidia con facilidad cuando conduce abiertamente a una especie de determinación implacable de obtener lo que tiene el otro de manera que si X, tiene un buen trabajo o un buen aparato de cocina, su amigo envidioso no estará satisfecho hasta no tener uno parecido o mejor. Este tipo de actitud está por supuesto, mucho más cerca de una ambición desmedida. Pero es probablemente la menos dañina.

La envidia que nos interesa aquí es la que se asocia directamente al daño, aquella en la que el daño es probablemente fundamental para la endivia. La persona envidiosa puede dañar literalmente al otro o a sus posesiones, calumniándole, perjudicándole o lastimándole, o puede dañar los atributos o los logros de la otra persona calumniándole o lastimándole psicológicamente en su propia fantasía, en su pensamiento, o hacerlo externamente a través de la crítica, la burla o la provocación. Este tipo de situaciones las podemos observar cuando el envidioso envidia en el otro la inteligencia, serenidad y paz mental y se propone hacerle rabiar y provocarle hasta que el otro pierda la serenidad. Esta puede ser un arma muy poderosa en el análisis.

Lo que el envidioso no puede encarar es el éxito, el disfrute y el placer de otra persona, y cuando más cercana sea es probable que este sentimiento se torne más y más complicado. De manera que quien es verdaderamente envidioso no soporta que otra persona tenga algo bueno que ofrecerle. No puede disfrutarlo; va a escatimarle reconocimiento a la bondad y al valor de lo que recibe y será incapaz de experimentar y de expresar gratitud. Tanto en personas con capacidades diversas, e incluso años de análisis, puede aparecer como una importante incapacidad para recibir información, o ayuda para comprenderla. Puede ser un elemento importante en los niños con dificultades de aprendizaje. Este problema puede impedirle al individuo leer, utilizar libros, trabajos científicos, etc. Porque siente que tendría que saber lo que está escrito antes de leerlo, y por tanto no tiene la mente dispuesta para seguir el argumento del libro o del trabajo.

Puede impedirles confiar y utilizar algún tipo de consejo o ayuda profesional. Podemos observar un aspecto similar en quienes yo llamaría “exterminadores de la conversación”. Una persona muy envidiosa difícilmente puede tolerar escuchar lo que otra persona tiene que decir y puede encontrar un sinfín de maneras de interrumpir la conversación, paralizándolo tomando la palabra, porque es incapaz de soportar escuchar comentarios entretenidos, experiencias o pensamientos interesantes que provengan de otra persona.

Desde el material clínico, Joseph sugiere que una vez que el paciente ha dejado a sus objetos buenos, disminuidos y desvalorizados , puede restablecer su equilibrio y puede regresar a su punto de partida inicial, a su antigua forma de relacionarse con los demás, viéndolos inferiores y sin nada que envidiarles. El envidioso de hecho está más interesado en dañar lo que la otra persona tiene que en obtener algo bueno o en experimentarlos por sí mismo.

Sabemos que construimos nuestros carácter haciendo acopio –introyectando- las primeras relaciones con nuestros padres y otras figuras cercanas de nuestra infancia y de nuestra niñez tal y como la experimentamos, y que la vivencia que tenemos de nosotros mismos dependen del mundo que hemos erigido dentro, de nuestro mundo interno. Si por alguna razón la envidia le impide al individuo construir relaciones buenas, cálidas y fiables, todo su mundo interno y por lo tanto su carácter, se va a ver influenciado por esto y en consecuencia es probable que permanezca inseguro. Esta tremenda inseguridad o esta sensación de inadecuación aumentará el odio hacia los demás, a quienes percibirá como más seguro consigo mismos, más seguros y más estables; de manera que la inseguridad también aumenta la envidia y entramos así en un círculo vicioso. Suele haber una mezcla entre la expresión concreta de la envidia y las defensas que se erigen contra ella. No siempre es posible descifrar cuándo se trata de un ataque envidioso o de una defensa contra la envidia.

Una forma de evitar un sentimiento de envidia demasiado fuerte es idealizar a la persona que despierta la envidia. Se va al otro tan hermoso, con capacidades tan sorprendentes, o que ha logrado un trabajo tan extraordinario, es decir, se le idealiza de tal manera que el espacio que hay entre la otra persona y el propio self es de tal magnitud que aparentemente no caben las comparaciones. Esto mantiene a la persona potencialmente envidiada en un pedestal, fuera del alcance de la envidia.

Con frecuencia podemos observar cómo ocurre esto en el análisis, cuando el paciente necesita mantener al analista como una figura buena, amada y valorada., y toda la relación se mantiene en un tono positivo en el que no caben las críticas.

Esto puede ser un grave problema con pacientes muy enfermos que aferran a situaciones como esta, como si estuvieran aterrorizados de lo que pudiera suceder si llegaran a aparecer sus pensamientos críticos o envidiosos, como si no se sintieran capaces de contenerlos.

Podemos observar una forma de escisión diferente, pero probablemente relacionada, en el tipo de defensas en las que el individuo tiende a desvalorizarse a sí mismo, dando a entender que él no tiene nada que ofrecer, que es muy pobre y muy limitado, aumentando así el abismo entre sí mismo y el otro. Por ejemplo, cómo podría él una criatura tan insignificante, compararse bajo ningún concepto con X, etc. Este tipo de defensas puede estar muy cerca de un masoquismo aplacador y adulador. Por supuesto que no puede funcionar, porque tiende a convertir al individuo en un juez muy severo consigo mismo, o a deprimirle más, haciéndole sentir que no vale nada, que no hay esperanzas para él, y de hecho, con frecuencia queda sumido en ese estado, que empeora aún más la situación y le dificulta la posibilidad de salir adelante.

Otra defensa que está conectada con una forma particular de voracidad, y ocupa un lugar importante en las personas con dificultades para aprender y absorber conocimientos, incluyendo, por supuesto, información analítica, aunque no lo parezca. Algunos pacientes en análisis pueden parecer tremendamente cooperadores y dispuestos a comprender, pero si uno presta atención al desarrollo de la sesión, observará que en el fondo no responden a las interpretaciones y a la comprensión, que pudiendo asentir, discrepar, rumiar o digerir una interpretación, hacen otra cosa.

Escuchan y es como si engulleran y adoptaran las ideas del analista, pero con frecuencia ni siquiera han seguido el hilo de lo que el analista ha querido decir o ha dicho, dejando de lado los comentarios nuevos o frescos, las sutilezas o matices de la interpretación.

De esta manera uno tiene la impresión de que el paciente, en su fantasía, ha entrado en la mente del analista y se ha transformado él en su propio analista, o, como si dijéramos, en el analista del paciente que está en el diván y por lo tanto el analista verdadero resulta casi redundante, como si no existiera. Esto puede parecer un insight, pero se trata de algo muy distinto, y este hecho puede ser muy sutil. Las personas que en vez de ser conscientes de su envidia intentan despertarla en los demás, puede que de una forma sutil, patentizando sus cualidades o capacidades personales. Son individuos preocupados por la competitividad, la hostilidad y la envidia de los demás y se sienten, por una parte superiores, como si poseyeran todas las buenas cualidades, y otra, continuamente amenazados.

Ejemplo de lo anterior son el tipo de pacientes que construyen relaciones en las que no se toma en cuenta para nada el éxito, el placer o el interés que pudieran tener las vidas de las otras personas, o inconscientemente intentan despertar el interés, la preocupación, la excitación, la envidia y la competitividad de sus amigos a partir de sus relaciones. Las personas intentan deshacerse o proyectar su envidia y sentimientos similares.

Hay quienes están más dispuestos a sofocar, casi exterminar, este tipo de sentimientos y de emociones. El restringir contacto, evitar áreas de encuentro que estimulen la rivalidad y la envidia es otra forma importante, de defenderse de la envidia. Es importante considerar las implicancias sociológicas de la envidia. Pero a nivel individual, las personas que no se sienten suficientemente satisfechas consigo mismas están destinadas a tener dificultades en cada nueva etapa del desarrollo, y probablemente estas dificultades se acentúen con el envejecimiento. Envejecer, con lo que pudiéramos llamar una adecuada resignación significa ser capaz de permitir que las nuevas generaciones posean cosas, conocimientos, dones y un futuro, poder identificarse con sus éxitos e incluso disfrutarlos, poder lamentarse por lo que no se consiguió y poder disfrutar de los logros.

Una envidia excesiva puede dificultar enormemente esta etapa particular del desarrollo por la que la tenemos que pasar. ¿Qué hacemos para enfrentarnos con ella?

Todos estamos predispuestos a sentirla en mayor o menor intensidad. Pero tenemos la esperanza de que el individuo tenga a su disposición el suficiente afecto, amor y capacidad para sentir la calidez y la gratitud, como para que hagan contrapeso a su rivalidad y a su envidia, y no obstante, pueda tener consciencia de su existencia y permitirse contemplar a otros seres humanos a quienes considera envidiables.

También te puede interesar

Leave a Comment

es_ESEspañol
es_ESEspañol