¿Cómo es ir al psicólogo?

by Ciapla Psicólogos
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ir al psicólogo

Por Cyndi Valderrama

Existen diversos motivos que llevan a las personas a buscar ayuda psicológica. Hay quienes piden ayuda cuando están atravesando por situaciones estresantes que les resulta difícil de manejar o cuando se percatan de sus cambios de humor o de conducta; es decir se sienten tristes, desmotivados, ansiosos sin razón aparente y se muestran poco tolerantes e irritables. Se sabe que esta persona que acude por primera vez al psicólogo, ha probado previamente un sinfín de estrategias para disminuir su malestar, pero a veces el malestar es tal que interfiere con su trabajo o con sus actividades cotidianas.

Es comprensible y hasta esperable que aparezcan dudas cuando se toma la decisión de asistir a una consulta psicológica. Los pensamientos de “el psicólogo es para locos” “desde que me ve, ya me está analizando” y otros más, van surgiendo antes de esa primera consulta. También es normal sentir miedo; temores asociados a lo que suceda dentro del consultorio, al “diagnóstico” que nos brinde o a lo se vaya descubriendo sobre nosotros mismos. Sin embargo, la realidad es que los psicólogos no conocemos a la persona que tenemos al frente, no sabemos nada de ella y mucho menos la estamos analizando por cómo camina. Generalmente utilizamos la comunicación verbal como la principal herramienta que nos permite conocer más a fondo las emociones, los pensamientos, las conductas y los problemas que la persona trae a consulta.

Al entrar al consultorio le pedimos a la persona que se siente y que nos cuente el motivo por el cual acude, esto nos ayuda a identificar el problema y saber si podemos ayudarla. Luego de escuchar a la persona y realizar preguntas que nos aclaren el panorama, hablamos de cómo trabajamos y del proceso de la terapia que realizamos. Después de algunas sesiones, y solo si la persona acepta iniciar la terapia, se plantean los objetivos a desarrollar en este proceso. Es importante señalar que el proceso terapéutico implica compromiso por parte de la persona, desde tener un espacio de tiempo para acudir a las citas, disposición para recibir ayuda, recursos económicos porque cada sesión implica un pago y, sobretodo, paciencia, ya que la persona suele demandar respuestas y soluciones rápidas, pero es importante que entienda que los psicólogos no tenemos la pastilla mágica que alivie su malestar y que el cambio toma su tiempo. El psicólogo igualmente asume el compromiso de escuchar, atender, acompañar y contener a la persona durante el espacio de terapéutico.

El éxito de una terapia va a depender en gran medida del vínculo que se construya entre el psicólogo y la persona, el cual está basado en la relación empática y la confianza mutua. El psicólogo va a mostrar una actitud de escucha empática, libre de prejuicios y dispuesto a brindar un espacio para pensar juntos sobre el contenido que trae la persona. Es necesario crear un clima en el cual la persona se sienta cómoda y con libertad para expresar lo que piensa y siente. Si bien dentro del proceso de terapia se logra el bienestar emocional, en ocasiones la persona va experimentar emociones desagradables cuando empiece a cuestionar muchas cosas, tanto internas como externas, que antes le parecían muy normales. Puede que en este momento quiera dejar la terapia porque no está observando resultados favorables; pero es indispensable aclarar que cada individuo es un mundo y, por lo tanto, tiene un tiempo y una forma única de lograr los cambios deseados.

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