Por Mariana

Empezó un nuevo año escolar y con él todas las rutinas que van de la mano. En el caso de los papás, esto implica estar pendientes de muchas cosas, por ejemplo estar atentos a cómo van los hijos en sus estudios. Es cierto que hay muchos niños y adolescentes que estudian de una manera bastante autónoma y que no requieren mayor apoyo de sus padres y profesores. Sin embargo, en muchos casos esto no es así y los estudios y las notas se convierten en una especie de “tortura” tanto para padres como para hijos. De ser este el caso, es importante tener en cuenta algunos puntos clave para poder apoyar a los hijos.

Motivación. En muchos momentos de su vida los niños y adolescentes pueden considerar que estudiar es una tarea aburrida, monótona y sin sentido, por lo que su atención se dirige a otras actividades que les resultan más entretenidas. Por lo tanto, es fundamental motivar su curiosidad intelectual desde que son muy pequeños, así como también  hay que tener en cuenta que se estudia no solo para las notas sino realmente para aprender herramientas y habilidades que los ayudarán a lo largo de la vida. Las notas son solo un reflejo del proceso de aprendizaje en un momento específico.

Hábitos de estudio. A veces hacer las tareas en la cama o cerca al televisor suena tentador, pero resulta contraproducente porque no permite dirigir plenamente la atención al estudio. De ahí viene la insistencia de contar con un lugar tranquilo, ordenado, con una mesa y una silla cómodas, con iluminación adecuada, con poco ruido y sin distracciones. Asimismo, resulta fundamental tener un horario establecido para estudiar y hacer tareas, pues esto permite que haya un momento para dedicarse a otras actividades como el juego o las conversaciones con amigos.

Diálogo. Muchas veces las notas bajas son una señal de alguna situación difícil por la que están pasando los hijos. Entonces, no está demás conversar con ellos y preguntarles si hay algo que los puede estar molestando o si se sienten tristes por algo. Por ejemplo, tratarse de una pelea con sus amigos, de un problema de bullying, algún conflicto familiar o alguna otra dificultad de índole socio-emocional. Es muy importante conversar con ellos de una manera cálida, sin juzgarlos, para que se sientan escuchados y tengan la confianza de compartir lo que sienten. Esto los aliviará  y que juntos podrán buscar las estrategias para hacerle frente a dicho problema.

Otros desafíos. Son varios los casos en que los hijos se esfuerzan en estudiar, tienen un horario definido, hábitos de estudio y no hay ninguna situación fuera del plano académico que los esté afectando, sin embargo, no suben sus notas. Esta situación es bastante preocupante y frustrante. Si este es el caso, hay que considerar que podría tratarse de una dificultad de atención y concentración o quizás de un problema específico de aprendizaje, por lo que las estrategias regulares no están funcionando. Es decir que podría tratarse de alguna condición que requiera consultar con especialistas y coordinar con los profesores, estableciendo así un trabajo en equipo que tenga como objetivo asegurar que el estudiante reciba un aprendizaje de calidad de acuerdo a sus necesidades, estilo y ritmo de aprendizaje.

Algunas recomendaciones:

  • Ayudarlos a estudiar con estrategias lúdicas y a relacionar lo que están aprendiendo con experiencias de la vida diaria, esto fomentará su curiosidad y motivación.
  • Reforzar sus logros parciales. Si están mostrando mayor interés y responsabilidad en sus estudios o si están subiendo las notas poco a poco hay que felicitarlos y reconocer su esfuerzo.
  • Comunicarse con el colegio. Pedir una cita al tutor/a o a los profesores del curso en el que esté bajo puede ser muy útil para definir un plan de intervención en conjunto.
  • Los profesores particulares pueden ayudar a nivelar, pero la idea es que los hijos/as sean más autónomos y que este profesor no se vuelva una “muleta” de la que siempre va a depender.

Estas consideraciones ayudarán a los niños y adolescentes no solo durante sus estudios escolares, sino también en las siguientes etapas de su vida. Si los padres incentivan la motivación, la comunicación y el desarrollo de hábitos desde que sus hijos son pequeños, los estarán preparando para responder a los siguientes retos que estén por venir.

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