La Televisión y Tus Hijos

Por Diana Rodriguez

Cuando hablamos de la televisión y nuestros hijos generalmente pensamos en dibujos animados o en programas infantiles. Y si pensamos en nosotros cuando niños también encontramos lo mismo: quién no recuerda dibujos como: Capitán Futuro, Mazinger Z, Barbapapa, Candy, Marco, La Abeja Maya, Los Superamigos, Don Gato y su Pandilla, Cool Mc Cool,entre otros.
Es innegable que la televisión y sus contenidos forman parte de nuestro mundo infantil, es decir, de nuestros juegos, de nuestras creaciones y de nuestros recuerdos. La televisión es un elemento más de las influencias sociales en el desarrollo del niño y si encontramos diferencias entre los dibujos de hoy y los de nuestros tiempos se debe justamente a los cambios sociales que hemos experimentado. La televisión es un reflejo de estos cambios y transmite valores actuales tales como la competencia, el uso de la fuerza, así como también el trabajo en equipo, la amistad, la lealtad, etc.
La televisión puede ser para nuestros hijos una fuente más de conocimiento, puede convertirse en un medio de contacto con la realidad externa, puede estimular el aprendizaje del lenguaje a través de los diálogos y enriquecer la imaginación y la fantasía del niño. También ofrece nuevos modelos de identificación, modelos fantásticos e irreales (superhéroes con superpoderes o animales humanizados) que proponen modos de relación ficticios y muchas veces utilizan recursos irreales para resolver las situaciones que se les presentan. Además, muchos de estos dibujos presentan un mundo polarizado, en el que los personajes son o “buenos” o “malos” y el trama consiste en una lucha constante entre el bien y el mal.
En la mente de niños pequeños como los nuestros existe una división del mundo en “buenos” y “malos” tal y como proponen los dibujos. Poco a poco, el niño va integrando estos aspectos y va reconociendo que en una misma persona pueden coexistir cosas buenas  y malas (a quién no se le ha escapado un grito o ha respondido de mala manera cuando estamos de mal humor). Además, la mente de un niño pequeño se caracteriza por utilizar mucho la fantasía y a veces confundirla con la realidad. Esto explica el temor real que los niños pueden tener a personajes no reales como el “cuco” ya que para ellos todavía es difícil diferenciar fantasía y realidad. Por ello, si exponemos a nuestros niños a este tipo de dibujos antes mencionados, los van a vivir con mucho más intensidad y angustia de no poder elaborar solos a diferencia de niños más grandes o de adolescentes.

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