Mónica Quintana Chávez
Más bien señalaremos la relación de pertenencia del humor a la estética de la que habla Herrera:
“Podríamos decir que existe una correspondencia entre los sueños y el humor. Ambos se supeditan, en diversas proporciones, al funcionamiento del proceso primario. En los sueños el Yo abandona su supremacía y el proceso primario obtiene el control; en tanto que en el chiste, como en el humor, ese proceso permanece al servicio del Yo. Por eso pensamos que el humor se incorpora al vasto dominio de la expresión estética, pues esta regresión al servicio del Yo es la misma que rige en el campo del arte y la formación de símbolos.”
En relación a dicha regresión al servicio del yo en el humor y cuyo proceso es similar en el arte y los símbolos, Winnicot postulará la necesidad del desarrollo de la confianza en el infante, dicha confianza se creará a partir del cuidado suficientemente bueno en esos primeros años.
La madre será el espejo del infante, en el cual este se verá reflejado. A partir de ese espacio potencial de confianza que se basa en un cuidado suficientemente bueno, es que el infante podrá jugar, y más tarde tener espacio para el arte y la cultura. Cito: Cuando hay fe y confiabilidad existe un espacio potencial, que puede convertirse en una zona infinita de separación, que el bebé, el niño, el adolescente, el adulto, pueden llenar de juego en forma creadora. Con el tiempo, ese juego se convierte en el disfrute de la herencia cultural.
En terapia, vale decir que, los, las terapeutas pasamos por un ejercicio similar en el cual tenemos que saber estar y permitir el proceso de separación individuación de nuestros pacientes. Así: “La psicoterapia no consiste en hacer interpretaciones inteligentes y adecuadas; en general es un devolver al paciente, a largo plazo, lo que este trae.
Es un derivado complejo del rostro que refleja lo que se puede ver en él.”
El ejercicio de la terapia de arte posibilitaría aún más dicha regresión, pues es preverbal, y todo el espacio es, en algún sentido, nuevamente la posibilidad de dicho espacio potencial; juego y creatividad se ponen al servicio del crecimiento interior, de la autorrealización, al encuentro de su propia persona.
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