Adaptándonos al Nido

Por Diana Rodríguez

Llevar a los hijos al jardín o a la escuela es para el niño un tránsito de  lo más íntimo del hogar a un espacio social. Es un momento difícil para los padres ya que implica una de las decisiones más importantes: separarnos de nuestros hijos o permitirles que pasen toda una mañana fuera de nuestra casa.  Esta decisión trae consigo una serie de dudas y conflictos que, en algunos casos, van de la mano con ansiedad y angustia, hasta que todos (el niño o niña y los padres) se adaptan a esta nueva situación.

Durante los primeros días en el nido, se produce el período de adaptación en el que se construye una nueva relación entre los niños y sus padres con esta nueva institución y de la institución con estas nuevas familias. El proceso de adaptación nos involucra a todos. La duración de este período dependerá de cada niño y de cada padre o madre: algunos se adaptarán más rápidamente que otros.

En estos primeros momentos, usualmente los papis vienen al nido con emoción y expectativas aunque también es natural que puedan sentirse un poco tensos, observando todo, y preocupados por cómo va a reaccionar su hijo o hija hacia la nueva profesora o hacia el nuevo salón en el que se va a ubicar, a los nuevos compañeritos, etc. Ustedes papis tienen que desprenderse de sus hijos luego de unas largas vacaciones en las que los han disfrutado lo más que han podido.  Tienen que hacer frente ahora a algunas situaciones difíciles, como por ejemplo: la negativa de sus niños por no querer entrar al salón, el tener que dejarlos con dudas de cómo le irá y, a la vez, el tener que cumplir con un millón de cosas que tienen que hacer en ese momento y durante el día. Sin embargo, sabemos muy bien que hoy en día es muy difícil dejar el trabajo y las obligaciones de lado por más ganas que tengamos de pasar todo el día con nuestros hijos. Por ello, debemos enfocarnos en los momentos de calidad que les damos y pensar que en el nido, nuestros hijos también se están alimentando de experiencias positivas. De regreso a casa, podemos participar de sus logros luego de un día en el nido y escuchar con atención todo lo que han hecho.

Muchos niños vendrán al nido y estarán felices de quedarse solos en él. Incluso nos podemos sorprender de lo rápido que se separa de sus papis para entrar al nido. Esto puede deberse a que ya haya pasado por la experiencia del nido antes o a que los padres hayan reforzado una actitud más independiente en sus hijos, haciendo separaciones graduales para dejarlo que sea él o ella quien explore y descubra el mundo a su alrededor.  A esto podemos agregarle el hecho de que ir al nido no es una experiencia desagradable.  Muy por el contrario, el encontrarse con amigos, con las profesoras y compartir actividades como los demás niños hace que la experiencia sea bastante agradable.

¿Pero qué pasa cuando dejar a nuestros hijos en el nido se convierte más en una batalla que en algo placentero? ¿Qué estará pasando? Puede ser que a los papis también se nos haga difícil separarnos de nuestros hijos así como también a nuestros niños se les hace muy difícil separarse  de nosotros.

Recordemos que durante los primeros meses de vida, nuestros hijos aún no aprenden a almacenar en su mente la imagen de los objetos y personas que ve.  Por eso, cuando no nos ven, piensan que hemos desaparecido, quizá para siempre.  Esto nos permite entender un poco la ansiedad que sienten nuestros hijos cuando nos alejamos de él.  Sin embargo, esta necesidad de tener  físicamente cerca a las personas significativas, va desapareciendo mientras nuestros hijos crecen.  Para ayudarlos a lograr esto, debemos fomentar pequeñas separaciones graduales tratando de reforzar la independencia de los hijos, hay que ayudarlos a utilizar todos sus recursos y que los aprovechen al máximo. 

Es posible que algunos papis todavía no se sientan listos para fomentar esta independencia.  Ojo, no se trata de mandarlos a hacer todo por su cuenta, ni que no los ayudemos a vestirse o a amarrar los zapatos.  Se trata de ayudarlos a descubrir que podrán hacerlo solos en algún momento, de asegurarles que pueden explorar el mundo y que ustedes estarán allí para explicárselos. Muchas veces pensamos que por fomentar independencia en los niños ellos no  nos van a necesitar más.  Eso no es cierto.  A medida que vayan descubriendo el mundo por sí solos, van a necesitar de alguien que los ayude a entenderlo y que los guíe.  Ese es nuestro rol.

Tengamos presente que la experiencia de asistir a un nido, hace que sus hijos experimenten y aprendan sobre sí mismos, sobre sus fuerzas y sus debilidades, sobre sus intereses y sobre quién es él socialmente.  Va a tener que actuar de una manera como nunca lo ha hecho en su hogar.  Tiene que separarse de sus padres, enfrentarse a los retos sociales y académicos y hacer amigos. 

Parece mucho, pero en realidad es algo por lo que todos hemos pasado.  Lo importante es que podamos ser capaces de acompañar a nuestros hijos en este proceso y no atrasarlos con nuestras dudas y angustias.  Debemos confiar en que ellos son capaces de lograrlo así como nosotros lo hicimos en nuestro momento.  Así podemos ayudar a nuestros hijos mostrando interés y dándole apoyo y estímulo.  Hablando con ellos sobre lo que puede esperar encontrar en el nido.  Haciéndole saber que es normal sentirse nervioso o preocupado por estar lejos de casa pero asegurándoles que al final del día van a estar juntos nuevamente.

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