Madre Nuestra
Donde cae una semila de placer,
brotan mil gérmenes de dolor.
Schiller.PERSONAJES:
LA MADRE: Mujer en la plenitud de la vida, carácer entero.
EL HOMBRE: De fuerte contestura y alma ingénua.
EL CAMPESINO : Lleva en la faz la serenidad del que trabaja y ama la tierra.
EL NIÑO: La hora es la del anochecer. A la derecha, en pri¬mer término, un manzano florido y al pie de éste un hoyo que el campesino va abriendo en la tierra. En la luz vense avanzar a lo lejos dos figuras. Es la madre que camina despacio. Lleva en los brazos un niño pequeñito y diríase que su peso la abruma, mas, no por ello, hace el menor gesto de soltarlo. A su lado, el hombre trata de sostenerla, tiénela agarra¬da del brazo y de vez en cuando le acaricia la cabe-za o hace gestos para aliviarla del peso que lleva. El campesino contempla meditabundo hacia el horizonte. Al ver avanzar las dos figuras deja de ahondar la tierra, se enjuga el sudor del rostro y se apoya en la pala.
LA MUJER: (Tropezando sin caerse avanza; óye¬sela cantar entre sollozos) Nana... nanita... na¬na...
EL HOMBRE: Deja que yo lo lleve un poco. Se ha¬ce muy tarde. La noche va a echárseños encima y, sobre todo, tus brazos no pueden sostener ya tanto peso
MUJER : ¿ Cómo no van a poder, mis brazos llevar, unas horas, lo que durante nueve meses sos¬tuvieron mis entrañas? EL HOMBRE : Es que tropiezas y yo temo que te caigas y te hagas daflo.
LA MUJER : ¡Déjame! Tú no comprendes... i Có¬mo vas a comprender! Jamás te has dado cuenta de lo que es... de lo que es... esto que llevo aquí acu-nado. (Estrecha al niño contra su pecho).
EL HOMBRE: (Con ternura) Sí lo comprendo. (Con orgullo) Sé que llevas a nuestro hijo.
LA MUJER: (Deteniéndose y mirándole de fren¬te, un poco altiva) ¿Nuestro? No. Lo que llevo es mi propia carne y la sangre de mis venas. EL HOMBRE: (Bajando la cabeza y con dolor) Lo que iba a ser nuestro mañana y ahora...
LA MUJER : (Interrumpiéndole) Lo que es mi ayer y mi hoy. (Bajando la cabeza) El mañana ya no existe... no existe... no existe...
EL HOMBRE: (Mirándola amoroso). Yo fui la semilla.
LA MUJER: (Interrumpiéndole de nuevo con or¬gullo) Y el fruto (mostrando al niño) él. (PAUSA)
EL HOMBRE: (Tendiendo los brazos para coger al niño) Dámelo y apóyate tú también en mí. (Viendo que ella se resiste) De lo contrario no lle¬garemos nunca.
LA MUJER: (Alzando la cabeza) ¿Tienes prisa?
EL HOMBRE : (Indicando al campesino que sigue, apoyado en su pala) ¿No ves que nos espera?
LA MUJER: (Con doloroso reproche) Sí... sí... Tienes prisa. Quieres que entregue a mi hijo. (Abrazando fuertemente al niño) ¡Pero yo no he de dárselo a nadie! (Volviéndose de nuevo al hom¬bre y escudriñando su rostro en una interrogación suprema) ¿Podrías tú dar el corazón? ¿Podrías dar tu aliento? ¿Podrías dar la vida... sin... perder¬la?
EL HOMBRE : (Apartando sus ojos de ella, pero insistiendo con un tono de mayor autoridad) ¡Dá¬melo! Yo soy más fuerte que tú.
LA MUJER: (Negándose y moviendo la cabeza con gesto cansino) i Ah 1 ... Pero no sabes que en tus brazos habría de pesar más que en los míos. Porque no dormiría... (Con voz sombría) Esta¬ría muerto... muerto... muerto... (Levantando la cabeza otra vez y con tono receloso) Lo que quie¬res es quitármelo para enterrarlo en la tierra. (Pausa y con voz apagada) Y yo... yo lo que que¬rría es abrir en canal mi cuerpo para que volviera a él mi niño... (Meditabunda y con infinito cari¬ño) ¡Mi niño, mi nifio... 1 Cuando le llevaba den¬tro de mi no sentía frío y ahora sus carnes están yertas. Saltaba como un pajarillo que se tuviera en¬tre las manos y ahora (levantando un poco al niño para mostrarlo) está inmóvil... (Acercando el ni-ño otra vez a su pecho) Su corazón latía con el mío y ahora está terriblemente quieto. (Irguiéndo¬se y mirando al hombre iracunda) Dime, ¿qué le hicísteis cuando yo, liberándole de mí misma, os lo entregué un momento?
EL HOMBRE: (Colocando su mano sobre el hom¬bro de la mujer para empujarla suavemente e in¬dicando al campesino) ¡Vamos! (Insistiendo) i Va¬mos 1
LA MUJER: (Llorosa y suplicante) Quiero que vuelva a dormir en mi seno, quiero sentirlo de nue¬vo dentro de mí, quiero que duerma. Siguen las dos figuras avanzando lentamente. El hombre lleva la cabeza levantada mirando hacia lo lejos, ella inclina la suya sobre, la cabeza del niño y murmura muy quedo, canturreando.
LA MUJER: Nana... nanita... nana...
EL CAMPESINO: (Acercándose a ella con los bra¬zos tendidos) ¿Es ese el niño? (Bajando la cabeza y con tono de lástima) ¡Qué pequeñito!
LA MUJER: (De súbito altiva) No es pequeño... Es mi hijo. (Extendiendo los brazos para mostrar a su hijo). Es... todo el ayer y todo el hoy.
EL CAMPESINO: (Insistiendo con los brazos ten¬didos) Démelo.
EL HOMBRE: (A la mujer rogándola) Vamos. LA MUJER: (Al campesino con ansiedad) ¿Dón¬de quieres ponerlo?
EL CAMPESINO: (Indicando el árbol) Aquí, al pie de este manzano.
LA MUJER: (Acercándose y mirando al hoyo con pavor) i Ahí... ! ¡ Tan hondo! EL CAMPESINO: (Mostrando el árbol). Está en flor.
LA MUJER: (Dando unos pasos hacia atrás) ¿Es¬táis locos? Lo que se siembra es la semilla que no el fruto.
LA MUJER: ¿La noche? Llegó hace un rato. (In¬dicando al niño) ¿No ves que duerme ni niño?
EL HOMBRE : Por eso, porque duerme, debes de¬jarle descansar. LA MUJER: (Perpleja) ¿Descansar? ¿Dónde?
EL CAMPESINO: (Indicando la tierra) Aquí.
LA MUJER: (Palpando la tierra también e indicando el hoyo) ¿Ahí? (Con voz lastimera) Tendría frío.
EL CAMPESINO: (Con convencimiento) Nada hay tan caliente como la tierra.
LA MUJER: ¿Más que las entrañas de una madre?
EL CAMPESINO: Entrañas tiene Ella también. LA MUJER: ¿Más que el corazón mío?
EL HOMBRE : (Interrumpiéndola e interponiéndo¬se entre los dos) Más, porque en tu corazón diría-se que se han apagado el calor y la luz.
LA MUJER : La llama mía prendió en el corazón de mi hijo.
EL HOMBRE: (Bajando la cabeza) Y la llama en el mío se apagó. (Pausa, abrazándola) Ven. (Con confianza) Ven conmigo y yo haré que prenda nue¬vamente esa llama en tu corazón para que renazca al amor.
LA MUJER : (Un poco desdeñosa) ¡Déjame! ¡Dé¬jame! (Haciendo un gesto de inclinación hacia la tierra) Quiero yo también acostarme en la tierra con mi niño. (Encogiendo los hombros) Márchate tú si quieres.
EL HOMBRE: (Con terror) ¿Qué dices? ¿Quedar¬te tú? ¿Y yo? ¿Dónde voy a marcharme? ¿Qué iba a ser de mí? (Con fuerza) No, no puedo, no puedo vivir así (la mujer le mira) solo.
LA MUJER: Tú eres el fuerte.
EL HOMBRE : (Moviendo negativamente la cabe¬ za) Me quitaste tú las fuerzas para transmitírse¬las a `esa otra vida...
LA MUJER : (Levantándose y dejando al niño ten¬dido sobre la tierra, acercándose muy lentamente al hombre) ¿Tiemblas?
EL HOMBRE : Sí tiemblo, sí. (Con tono quejum¬broso) Tengo miedo, tengo frío.
LA MUJER : Acércate. No quiero que tiembles.
EL HOMBRE : No puedo. El cerco de tus brazos se cerró ha tiempo para mí. Todo él está ocupado por... (indicando al niño) él.
LA MUJER: (Disculpándose) Es mi niño.
EL HOMBRE: (Interrumpiéndola) ¿Tu niño? (Mirándose así mismo) ¿Y yo? (Suplicando) Tam¬bién yo lo soy.
LA MUJER: ¿Tú?
EL HOMBRE : Sí. Sin ti no vivo. (Súbito) Dormí¬ré,yo también con él.
LA MUJER: (Irguiéndose) No. ¿Es verdad lo que dices? Tú y él. El y tú... ¿Sois acaso el mismo?
EL HOMBRE: (Más animoso) Sí, sí. Somos el ayer y el hoy.
LA MUJER: (Poniendo una mano sobre el pecho del hombre e indicando con la otra al niño) El ayer y el hoy.
EL HOMBRE: (Cogiéndole la mano) Sí, y el ma¬ñana.
LA MUJER: (Soltando su mano y cubriendo con ella la boca del hombre) El mañana no existe. (Con infinita tristeza) ¡No existe!
EL HOMBRE: (Alzando la voz con confianza) Pe¬ro existirá. ¡Existirá porque surgirá del ayer y del hoy y tú... madre nuestra, le darás vida!
LA MUJER : (Luego de una pausa y abriendo los brazos) i Ven!
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