Por Carmen Valenzuela
El vínculo entre madre e hija es fluctuante y ambivalente. Se cruzan al mismo tiempo el amor y el odio, la confusión y la serenidad, el sometimiento y la independencia, la inseguridad y la fuerza, y todo esto trazado por la sensación de culpa y confusión.
Estos afectos pasan de un extremo a otro, y no corresponde a una etapa cronológica. Siendo niñas, adolescentes o mujeres adultas el conflicto permanece. Durante los primeros meses de encuentro, ambas se envuelven en una relación de dependencia absoluta para luego pasarse años en batalla por lograr independencia afectiva y sobrevivir en el intento.
Hoy estamos atentos y aterrados ante la realidad que es posible que una hija asesine a su madre. Dejó de ser un mito griego (Electra y Climenestra) enterrado en el pasado, y hoy lo vemos ocupando las primeras planas.
Decir, que una hija mata a su madre por dinero, o por libertad es como limpiar la escena para no hacerla tan terrible y poder digerirla. Por ser insoportable nos horroriza, nos atrapa la curiosidad y el morbo vuelve a aparecer. Es un alivio, verlo como algo tan ajeno y lejano a nuestra vida .
Estella Weldon en su libro “Madre, Virgen Puta”, trató el tema de las relaciones fallidas entre una madre y sus hijos: “La maternidad confiere poderes inigualables que algunas mujeres utilizan erróneamente debido a sus propios problemas emocionales y a las expectativas sociales que recae sobre ellas… Pero por supuesto, en primer término eran hijas y mujeres, algunas de las cuales se habían convertido en madres por casualidad. En parte el fracaso a la hora de diagnosticar acertadamente a estas mujeres provenía, en mi opinión, de la glorificación, por parte de la sociedad, de la maternidad, y su rechazo a admitir que la maternidad pudiera tener algunos aspectos negativos”.
Para una mujer que decidió ser madre escuchar y tratar estas historias es tenebroso, para quien es hija la culpa y miedo asoman porque alguna vez se deseo que mamá ya no estuviera.
Apelar que solo los que tiene poca salud mental puedan dar un paso semejante también es negador, porque los sentimientos que cruzan por ambos lados no corresponden solo a la locura psicótica, es importante reconocer que éstos quedan refundidos en el inconciente alimentados por la rabia y resenitmiento, y ante cualquier situación o frustración pueden surgir descontrala y cruelmente.
Reconocer y aceptar nuestros aspectos celosos , dependientes, competitivos, hacia nuestros padres o hijos, por más irracionales que estos nos parezcan, será la mejor protección para evitar que afloren en alguna situación de frustración y furia.
No somos malos o desnaturalizados, todo lo contrario, cuanto más humanos nos reconozcamos y reconozcamos a los demás, es que podremos dar paso a otros senitmientos como el perdon, la compasión y el amor.
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