ADICCION A UN ESTADO MORTIFERO
Otro aspecto importante es la manera como esto se hace sentir en la transferencia, en sus relaciones internas y en su pensamiento: la naturaleza profundamente adictiva de este tipo de constelación masoquista y la fascinación y dominación que ejerce sobre ellos.
Joseph detalla el sueño de un paciente, y concluye que el desconsuelo y la descripción del mismo en la sesión contenían una verdadera excitación masoquista, experimentada de una manera concreta. Esto se observa cuando vuelven una y otra vez sobre su infelicidad sus errores y las cosas por las que según ellos deben sentirse culpables. Hablan como si intentaran, inconscientemente, empujar al analista a coincidir con su aflicción o con las descripciones de sus pesares, o inconscientemente tratan de hacer que el analista dé interpretaciones críticas o perturbadoras, lo que se convierte en un patrón muy importante en su forma de hablar.
Estos pacientes se siente esclavizados y dominados por una parte de su self que les domina y aprisiona y que no les va a permitir escapar, aún cuando vean que la vida transcurre fuera, como se expresa en el sueño , fuera de la caverna. Lo que es importante agregar es que la satisfacción sexual que tiene el paciente al sentir tanto dolor, al saberse dominado, es una de las razones más importantes que explica el que esté tan atrapado en esta atracción por la muerte. Estos sujetos, no sienten placer cotidiano, genital , sexual, ni de ningún otro tipo que le ofrezca tanto deleite como este tipo de autoaniquilación terrible y excitante, que aniquila también al objeto y que en mayor o menor grado es básico en sus relaciones más significativas. No sólo se está dominado por un aspecto agresivo de sí mismo, que intenta controlar y destruir el trabajo del analista, sino que este aspecto es activamente sádico para con otra parte de su self que está a su vez masoquistamente atrapada en este proceso, y que todo esto se ha transformado en una adicción.
Este volver sobre sus pesares queda descrita por la palabra refunfuñar: Murmurar, quejarse, rezongar, hablar entre dientes, criticar. El paciente queda preso de un diálogo activo y cruel. En otras palabras, aquello que para él es “pensar en lo que voy a decir” es estar atrapado en su mente en una fantasía sadomasoquista, en la que el hiere y es a la vez herido, repite lo que ha dicho y se le humilla, hasta que la actividad de la fantasía le atrapa de tal manera que casi tiene vida propia y el contenido pasa a ser secundario. Estos pacientes cuando refunfuñan tienden a creer que están pensando, cuando en realidad no están más que viviendo experiencias que son la verdadera antítesis del pensamiento. La autora, pone de relieve el diálogo interno , el refunfuñar, que se lleva a cabo tanto en el diálogo analítico como en el cotidiano, quienes utilizan una gran cantidad de tiempo analítico aportando material que en apariencia puede ser analizado y comprendido, cuando inconscientemente sirve en realidad a otros propósitos.
Es familiar el tipo de paciente que habla de una manera como si inconscientemente deseara provocar al analista, peturbarle y llevarle a una actitud repetitiva, de reproche o de crítica. Esto puede ser utilizado entonces por ese aspecto silencioso, observador y masoquista del paciente para maltratarse, estableciéndose así una “dificultad” externa en el análisis que se perpetúa, bien internamente durante la sesión cuando el paciente se mantiene silencioso, aparentemente herido, o bien fuera, en ese diálogo interno. Aquí nos encontramos ante un tipo de identificación proyectiva en la que el desconsuelo se carga con tal efectividad sobre el analista que éste se siente tan aplastado que no ve manera de salir. De todo esto surgen dos puntos importantes: Primero que este tipo de pacientes tiene una gran dificultad para ver y reconocer el tremendo placer que obtienen por esta vía; y segundo, desde el punto de vista técnico es de la mayor importancia discriminar si el paciente nos está comunicando verdadero desconsuelo, depresión, o temor y persecución, para que nosotros le comprendamos y podamos prestarle ayuda, o si nos lo comunica de forma tal que la intención principal es provocar una situación masoquista en la que él puede verse atrapado. Si en el análisis no conseguimos distinguir claramente esta situación minuto-a-minuto, no podremos analizar adecuadamente las ansiedades profundas subyacentes por toda la cobertura masoquista y por la utilización que se hace de la misma. Es más, necesitamos distinguir muy claramente entre el uso masoquista de las ansiedades que estoy describiendo y la dramatización.
Lo que describimos aquí es algo mucho más maligno y más desesperado para la personalidad que la dramatización. Es solo si empezamos por trabajar la utilización masoquista y la explotación que hacen estos pacientes de sus ansiedades cuando nos será posible llegar a ellas. De no ser así, llegaremos a una situación, muy común con este tipo de pacientes, en la que nuestras interpretaciones parecen ser escuchadas, pero un aspecto de la personalidad del paciente trata al analista con desprecio, c on burla y mofa, aún cuando la burla y el desprecio permanezcan en silencio. A los pacientes le es difícil reconocer que sufren de una adicción , y que están enganchados a este tipo de autodestrucción. Este problema debe ser considerado desde el punto de vista de la pasividad de estos pacientes al describir como la atracción hacia la vida y la salud parecer estar escindida y proyectada en el analista. El paciente viene, habla, sueña, etc. pero uno tiene la impresión de que hay muy poco interés activo por cambiar, mejorar, recordar o alcanzar algún fin con el tratamiento. El paciente está continuamente oponiendo resistencia y regresando a ese tipo de parálisis mortecina y a un estado de pasividad casi total. Es necesario trabajarlo desde la técnica. Más aún esto significa que con una escisión semejante de la vida instintiva y de los afectos, se evade totalmente la ambivalencia y la culpa.
A medida que estos pacientes mejoran se sienten más integrados y sus relaciones se hacen más reales, pueden sentir un intenso dolor experimentando casi como físico, indiferenciado, pero tremendamente intenso. Es importante diferenciarlos de los cuadros de melancolía. Estos pacientes en la infancia no huyeron de sus frustraciones, los celos y la envidia hacia una situación de aislamiento, ni pudieron tampoco encolerizarse y gritar a sus objetos. Ellos se retiraron a un secreto mundo de violencia, en donde unas partes del self se volvían en contra de otras partes del self, en donde partes del cuerpo se identificaban con partes del objeto agresor, y que toda esta violencia, de naturaleza masturbatoria, ha sido enormemente sexualizada y expresada a menudo físicamente. Se dan golpes de cabeza, se auto agreden. A medida que penetramos y los pacientes empiezan a reconocer, en un primer momento con gran dificultad y resentimiento, la tremenda excitación y placer que obtienen de estos auto ataques aparentes, son capaces de mostrarnos sus predilecciones personales.
En lugar de avanzar y utilizar las verdaderas relaciones, el contacto con las personas o con sus cuerpos durante la infancia, parece ser que se refugiaron en ellos mismos y vivieron sus relaciones de esta manera sexualizada en la fantasía o en una fantasía expresada en actividades corporales violentas. Esta situación profundamente masoquista tiene entonces una influencia en pacientes que es mucho mayor que la atracción que ejercen las relaciones humanas. Algunas veces también puede manifestarse como un aspecto de una perversión, y en otros casos es parte de una perversión del carácter. Otro aspecto es la tortura y la supervivencia : En estos pacientes no encontramos historias infantiles negativas. No obstante en la transferencia uno tiene la sensación de verse llevado al límite de las situaciones, y tanto el paciente como el analista se siente torturados.
Al parecer hubieran vivido en la infancia estas experiencias potencialmente depresivas como un terrible dolor que se transformó en tormento, y que han intentado evitarlo asumiendo el control del tormento, convirtiéndose ellos mismos en sus propios verdugos que se provocan dolor mental y construyéndose un mundo de excitación perversa.
Es evidente que todo esto impide cualquier progreso real hacia la posición depresiva. Es muy difícil para estos pacientes encontrar la manera de abandonar este tremendo disfrute por lo placeres inciertos de las relaciones personales.
* Este trabajo se presentó originalmente en una reunión científica de la Sociedad Psicoanalítica Británica el 20 de mayo de 1981, y se publico por primera vez en 1982 en el International Journal of PsychoAnalysis 63: 449-56; y apareció en E:Bott Spillus (ed) Melanie Klein Today, vol 1, Mainly Theory, London; Routledg (1988), 311-23.
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