VOYEURISMO GRATUITO

 

vouyerismo

Por Veronica Franco Moreno

¿Cuánto nos pervierte la televisión? Hace un tiempo una noticia sorprendió a toda la ciudad: una conocida “periodista” de espectáculos fue condenada a prisión efectiva por 5 meses. Hubo opiniones a favor y en contra, el canal donde se trasmite su programa hizo especiales de más de dos horas en honor a ella y en contra de la “injusta” sentencia. Se habló de cuánto se merecía la sentencia, de cuán nocivo es su programa, de cuan invasivo es su estilo, etc. Fuera de los dimes y diretes, hay un hecho que no se puede negar: el programa era visto masivamente. A pesar de las críticas (que no surgieron por dicha situación sino que han sido frecuentes a lo largo de los 10 años en el aire que tiene el programa) surge una pregunta sin respuesta: ¿Qué hay detrás de ese leal rating? ¿Qué tipo de satisfacción, más allá del mero chisme, brinda un programa como el mencionado? Muchos trataron de imitarlo, intentaron hacer algún tipo de copia pero ninguno duró. Solo ese en particular ha durado en nuestras pantallas más de 10 años. ¿Por qué? La respuesta más común (y la que siempre daba la conductora de dicho programa) es que a la gente le gusta. Pero ¿qué tiene este programa que le gusta tanto a la gente? Si tratamos de encontrar una manera simple y práctica para definir el formato del programa mencionado podríamos decir que se dedica a filmar e informar lo que los demás hacen, en este caso en particular, lo que la gente “famosa” hace. Pero hay un detalle que va más allá de la entrevista y de la información general de un “famoso”: las cámaras de este programa han traspasado los límites de lo privado, se han metido al cuarto de vedettes prostitutas y filmado sus encuentros sexuales, han emitido cámaras escondidas de personas del “espectáculo” “in fraganti”, es decir, cometiendo adulterio y hasta han tenido la bajeza de filmar violaciones y agresiones físicas sin siquiera intervenir para evitarlo y emitirlas como noticias exclusivas. Y todo por el rating. Obviamente, éste no existiría si a la gente no le encantara ver este tipo de situaciones.

Esta es nuestra puerta local al voyeurismo gratuito. A pesar de los juicios y los escándalos, la gente sigue satisfaciendo sus ganas de “ver” a través de la televisión. El morbo y la excitación inconciente (y no tan inconciente) son la clave del rating de un programa como este. Cabe resaltar que los programas de chismes son muy vistos a nivel mundial, por lo tanto, el deseo de ver y saber que hacen los demás no es exclusivo de la cultura peruana sino de la cultura de nuestro continente y, probablemente a un nivel no tan perverso, de la del resto del mundo. También es importante señalar que la invasión de lo privado en nuestro país ha sobrepasado los límites del respecto, ha entrado a lo perverso hace mucho tiempo. El mejor ejemplo es el tema de las prostivedettes, una imagen voyeurista clara. Un “periodista” filmando y observando un encuentro sexual sin ser visto. Obviamente, nadie lo toma como una perversión, nadie va a decir que al periodista le encantó ver la escena y que se excitó al verla, que sintió una fuerte energía al ver algo “prohibido” sin ser visto, y además, filmarlo para verlo repetidas veces. Pero lo es. Y es una perversión que no solo involucra a un voyeur sino a miles. Involucra el morbo y la excitación de todo un país. Pero están bien resguardados. Los televidentes de dicho programa no andan por la calle observando coitos y escenas de adulterio. Esperan la hora del programa, otros le tienen ese placer preparado. Cuando llega el anuncio de la noticia exclusiva, todo surge de nuevo... siempre dentro de los patrones culturales que hacen que nadie sospeche, ni por un segundo, que se trata de un morbo excitante. Una hora después, las ganas de “ver” son satisfechas y los televidentes vuelven a su vida normal en la que nadie sospecha esas desmedidas ganar de observar lo que hacen los demás. ¿No suena a la vida de un perverso? ¿Acaso el perverso no desata su excitación con su perversión sin despertar sospecha alguna en su vida “normal” que tiene dicho vicio? Además de la excitación provocada por el hecho de trasmitir las imágenes, la conductora de dicho programa solía crear toda una atmósfera expectante a lo largo de su hora en el aire haciendo que el televidente se quede pegado a la televisión y no cambie de canal. Cada bloque iba anunciando que lo que se vería en un momento más era un “ampay” de esos, pasaba pequeños extractos a lo largo de la semana hasta que llegaba el día de estreno.

Además de las ganas de “ver”, habría que pensar también en las ganas de “mostrarse”. Tal como mencionó Freud, todas las perversiones tienen una contraparte. En este caso, la contraparte del voyeurismo es el exhibicionismo. Los “ampays” (ese género de “noticia” creado junto con el programa en discusión) tendría entonces dos partes: una sería el que ampaya (el voyeur), que diría: “te vi sin que me veas y encima te filmé”; y el que es ampayado (el exhibicionista), que diría: “uy, me viste y no te vi pero en el fondo me encantó que me vieras”. Esta última parte no se presenta con tanta fuerza como la primera. Normalmente, los ampays son a personas que no tienen deseos de exhibirse. Y eso es lo que más se disfruta, el ampay a aquella persona que no sabía que la estaban viendo y deleita a su público mientras realiza una acción prohibida.

Una de las mejores muestras de exhibicionismo en nuestro país es el escándalo. Cuánto más escándalo hagas, más te filmarán y te seguirán. Es el pan de cada día. El escándalo es la técnica perfecta para ser visto, al menos, una vez. Se podría decir que este país no puede vivir sin un escándalo. Necesita ver y verse. Necesita una primera plana en un diario chicha, una historia trágica con las fotos morbosas respectivas, un futbolista ampayado tomando licor, una modelo orinando en la carretera, una actriz besando a un hombre que no es su marido y la lista continúa hasta el infinito. La gente necesita su cuota de voyeurismo diario y para eso siempre estarán los que se exhiben... y los que no.

El panorama se mantuvo expectante durante el tiempo que duró el encarcelamiento de dicha conductora. Cuando salió de la cárcel¸ tomó un relajante descanso en los Estados Unidos a pesar que tenía prohibido salir del país. Sin embargo¸ el juez le otorgó el permiso. Meses después¸ retornó a la televisión peruana¸ al principio¸ débil y un tanto melancólica pero conforme fueron pasando los días volvió su “fuerza”¸ esa fuerza perversa que jala la vista hasta de los que no quieren ver.

Hoy sigue rebasando el rating por las noches y nunca pierde oportunidad de encontrar algún “ampay” o alguna pelea en la cual meterse. ¿Qué otras perversiones encontraríamos si analizáramos el comportamiento de esta conductora? Ese sería un tema bastante largo.

 

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